La selección mexicana se prepara para afrontar un escenario que solo ha vivido en dos ocasiones a lo largo de su historia: disputar una Copa del Mundo en casa. La primera en 1970 y la segunda en 1986. En las dos ocasiones logrando su mejor actuación, que fue cuartos de final.
Con el Mundial 2026 en el horizonte, México vuelve a asumir el reto de construir un proceso de preparación bajo la presión de ser anfitrión, una condición que eleva las expectativas deportivas y mediáticas.
Fuera de territorio mexicano, la selección no ha logrado superar los octavos de final.
La estadística ha provocado que jugar en casa sea visto como un factor que puede influir directamente en el rendimiento del equipo. Históricamente, varias selecciones anfitrionas han registrado actuaciones destacadas en Copas del Mundo.

En México, el antecedente más cercano continúa siendo 1986, torneo en el que el equipo eliminó a Bulgaria y quedó fuera ante Alemania Federal en penales.
Un contexto distinto rumbo a 2026
Aunque México volverá a jugar como local, el contexto actual es diferente al de anteriores procesos mundialistas.
La Selección Mexicana llega a 2026 después de quedar eliminada en fase de grupos en el Mundial de 2022, resultado que no ocurría desde 1978.
A partir de ese torneo aumentaron las críticas hacia el funcionamiento deportivo del equipo, el desarrollo de futbolistas mexicanos y la competitividad internacional de la Liga MX.
Además, el entorno mediático también cambió. Mientras en 1970 y 1986 la conversación deportiva dependía principalmente de televisión, radio y prensa escrita, actualmente las redes sociales generan una reacción inmediata después de cada convocatoria o partido.
La presión alrededor de la selección se ha vuelto constante, especialmente en partidos amistosos y torneos oficiales.
La percepción de la afición
Se realizó un sondeo a 25 aficionados entre 18 y 40 años sobre las expectativas rumbo al Mundial de 2026.
Ante la pregunta: “¿Crees que México puede superar su mejor participación jugando como local?”, los resultados fueron los siguientes:
- 44% respondió que no
- 36% consideró que sí
- 20% señaló no estar seguro
Entre quienes respondieron negativamente, las razones más repetidas fueron:
- falta de regularidad
- bajo nivel competitivo ante selecciones europeas
- poca confianza en el proceso deportivo
Por otro lado, quienes confiaron en una buena participación mencionaron principalmente:
- la ventaja de jugar en casa
- apoyo de la afición
- antecedentes positivos como anfitrión
Aunque el sondeo no representa una muestra estadística nacional, refleja parte de las opiniones que rodean actualmente a la selección mexicana.
Comparativa entre los procesos mundialistas de México

La comparación muestra diferencias importantes entre generaciones mundialistas. Aunque México mantiene la experiencia de jugar como anfitrión, el entorno competitivo y mediático es distinto al de décadas anteriores.
Un Mundial bajo observación
La Copa del Mundo de 2026 volverá a colocar a México bajo un escenario que históricamente ha marcado sus mejores actuaciones.
Sin embargo, el proceso actual llega acompañado por cuestionamientos deportivos, cambios en la relación con la afición y un entorno mediático más inmediato que en otros periodos mundialistas.
Las experiencias de 1970 y 1986 muestran que jugar en casa puede influir en el rendimiento competitivo. La participación de México en 2026 permitirá observar si esa tendencia histórica se mantiene en un contexto futbolístico distinto al de sus anteriores mundiales como anfitrión.
El reto deportivo rumbo a 2026
Además del entorno mediático y la presión de jugar como anfitrión, la Selección Mexicana llegará al Mundial de 2026 en medio de un proceso que combina experiencia y renovación generacional.
Bajo la dirección técnica de Javier Aguirre y con Rafael Márquez dentro del cuerpo técnico, el equipo nacional ha comenzado a integrar futbolistas jóvenes junto a jugadores con trayectoria internacional.
Entre los nombres que han generado atención rumbo al proceso aparecen elementos juveniles como Gilberto Mora y Armando González, quienes representan parte del recambio que busca consolidarse antes del torneo.
Al mismo tiempo, el plantel mantiene futbolistas con experiencia mundialista como Raúl Jiménez y Guillermo Ochoa, quien se convertirá en uno de los tres jugadores en disputar seis Copas del Mundo junto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
La combinación entre jugadores consolidados y nuevas generaciones forma parte de uno de los principales aspectos de análisis rumbo a 2026, especialmente en un torneo donde México volverá a enfrentar la presión deportiva y mediática de jugar en casa.

